De otras cuestiones
Cuéntame otra vez esa historia que habla sobre la necesidad de la inconmensurable libertad, esa que se siente al despojarse de la temporalidad… que he olvidado en qué termina.
Creo que nosotros, los pseudo intelectuales, somos quienes estamos aferrados a querer seguir siendo esos que no consiguen dormir por las noches entre el delirio, la suntuosidad y el apogeo de lo que somos y lo que queremos ser.
Cuántas veces hemos intentado subordinar las entrañas al desperdicio que inunda la sinrazón, las millones de compilaciones amorosas nos sumergen en el ideal abstracto de la armonía, ya es tiempo del re-encantamiento, este temor a perder la capacidad de asombro se convierte una y otra vez en la misma necesidad de engaño.
Muéstrame la muerte de nuestros sentidos, la descomunal falta de ese Dios del que todos hablan, pero del que nadie conoce. Enséñame que el tiempo no tiene temporalidad ni imaginación. Llévame de la mano a la adulación torpe del primer momento.
Creo que nosotros, los pseudo intelectuales, somos quienes estamos aferrados a querer seguir siendo esos que no consiguen dormir por las noches entre el delirio, la suntuosidad y el apogeo de lo que somos y lo que queremos ser.
Cuántas veces hemos intentado subordinar las entrañas al desperdicio que inunda la sinrazón, las millones de compilaciones amorosas nos sumergen en el ideal abstracto de la armonía, ya es tiempo del re-encantamiento, este temor a perder la capacidad de asombro se convierte una y otra vez en la misma necesidad de engaño.
Muéstrame la muerte de nuestros sentidos, la descomunal falta de ese Dios del que todos hablan, pero del que nadie conoce. Enséñame que el tiempo no tiene temporalidad ni imaginación. Llévame de la mano a la adulación torpe del primer momento.
